Hasta ahora, el guacamole se ha librado de los aranceles del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pero la salsa está en riesgo, y se debe a cómo afectan los aranceles al jitomate de México.
Aunque Trump ha pausado los impuestos anunciados sobre los aguacates mexicanos, pero el gobierno de Estados Unidos planea imponer aranceles al jitomate de México por un 21 por ciento a partir del 14 de julio.
Un impuesto —como un arancel— es un tributo sobre las importaciones, y este afectaría los miles de millones de kilogramos de jitomates que Estados Unidos importa de México cada año.
Los defensores dicen que los aranceles al jitomate de México ayudará a reconstruir la menguante industria jitomatera en Estados Unidos y garantizará que los productos consumidos en el país también se cultiven allí.
“A menos que igualemos el campo de juego en términos de precios justos, no habrá una industria nacional de jitomates frescos en un futuro muy cercano”, señaló Robert Guenther, vicepresidente ejecutivo del grupo comercial.
Florida y California son los principales productores de tomates en Estados Unidos, pero la mayor parte de la cosecha de California se convierte en salsas y otros productos, y los proveedores podrían verse afectados con aranceles al jitomate de México.

Aranceles al jitomate de México: Efecto en los precios
Los opositores dicen que los aranceles al jitomate de México hará que este rubro sea más caros para los compradores en Estados Unidos.
NatureSweet, una empresa con sede en San Antonio que cultiva tomates en México y en Estados Unidos, dijo que pagará millones de dólares cada mes en impuestos si la decisión no se revierte, este sería el primer efecto de los aranceles al jitomate en México.
“Buscaremos formas de adaptarnos o agilizar nuestras operaciones, pero la verdad es que siempre estamos haciendo eso para operar un negocio eficiente”, comentó Skip Hulett, director legal de NatureSweet.
“El negocio de los productos agrícolas no tiene un gran margen de ganancia. Estamos determinando qué parte del costo podríamos absorber, pero estos costos adicionales ciertamente deberán trasladarse al consumidor”, añadió.
Tim Richards, profesor en la Escuela de Agronegocios Morrison de la Universidad Estatal de Arizona, prevé que los precios minoristas de los tomates en Estados Unidos aumenten alrededor del 10.5 por ciento si se aplica el arancel, este sería otro efecto de los aranceles al jitomate en México.
El Gobierno de México dijo el mes pasado que estaba convencido de que podría negociar sobre el tema.
Pero si los aranceles al jitomate de México entran en vigor, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha insinuado que su país podría imponer aranceles sobre las piernas de pollo y cerdo importadas de Estados Unidos.
En 1996, poco después de que entrara en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el Departamento de Comercio investigó acusaciones de que México estaba exportando jitomates a Estados Unidos a precios artificialmente bajos, una práctica conocida como dumping.
El Gobierno de Estados Unidos acordó suspender la investigación si México cumplía con ciertas reglas, incluyendo vender sus tomates a un precio mínimo. Desde entonces, el acuerdo ha estado sujeto a revisiones periódicas, pero ambas partes siempre llegaron a un acuerdo que evitó los aranceles.
Pero el mes pasado, el Departamento de Comercio anunció su retirada del último acuerdo, diciendo que había sido “inundado con comentarios” de productores de tomates en Estados Unidos que quieren una mejor protección contra las importaciones mexicanas.

¿Por qué a Estados Unidos le conviene la producción mexicana de jitomates?
Guenther, del Florida Tomato Exchange, dijo que aunque se requiere que los exportadores mexicanos cobren un precio mínimo, los envíos solo se revisan de manera esporádica, por lo que los exportadores pueden eludir eso.
Pero en términos más generales, México perjudica a la industria estadounidense porque cuesta entre un 40 y un 50 por ciento menos cultivar tomates allí, dijo Guenther.
La tierra es más barata, la mano de obra es más barata y los insumos como semillas y fertilizantes cuestan menos, agregó.
Guenther señaló que los jitomates son un cultivo que requiere mucha mano de obra, y la industria estadounidense generalmente depende de trabajadores inmigrantes a través del programa de visas H-2A.
Ese programa requería que los agricultores pagaran a los trabajadores un promedio de 16.98 dólares por hora el año pasado, una cantidad que ha aumentado a medida que la mano de obra se ha vuelto más difícil de encontrar. Richards estima que los trabajadores en las granjas de tomates en México ganan aproximadamente una décima parte de esa tasa.
NatureSweet reconoce que es más rentable cultivar jitomates en México, pero dice que el clima es una de las principales razones. Los invernaderos de la empresa en México no necesitan sistemas de iluminación, calefacción o refrigeración debido a las condiciones climáticas durante todo el año.
“Puedes reubicar algunas industrias, pero no puedes reubicar la agricultura climática”, señaló Hulett.
Lance Jungmeyer, presidente de la Asociación de Productos Frescos de las Américas, que representa a los importadores de jitomates mexicanos, dijo que Florida no produce los tomates maduros en la vid que los consumidores estadounidenses prefieren cada vez más.
Los tomates de Florida se recogen cuando están verdes y se envían a almacenes para madurar, explicó.
“Florida no cultiva los tipos de tomates especiales que han despegado, pero quieren obtener protección”, comentó Jungmeyer. “Su cuota de mercado está disminuyendo por razones de su propia elección”.
Guenther no está de acuerdo. “Si pones un tomate de Florida frente a un tomate mexicano, creo que le iría muy bien en una prueba de sabor”, dijo.